martes, 16 de octubre de 2007

Puedes tocarme a tientas. Puedes plegarte a mi corazón pálido. Tus manos son oscuras cavidades donde hay aves, otoños y silencios. Oigo un zumbindo lento. Oigo el mar y el desahucio de lágrimas que han dividido tu cuerpo de mi estío. Cómo haber puesto el oído tembloroso en el cuerpo cercado de mi noche, que decía que hoy no habría mar. Que hoy no habría nada. Tan sólo una pared entre las hojas. Algunas hojas viven en la carne. Ten piedad. Es de noche.

A. M. González

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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